IL MIO VIAGGIO SVE


 

¿QUÉ ES EL SVE? ¿POR QUÉ PUEDE SER PARA MÍ?

 

 

“La idea de plantearme un Sve comienza un año atrás… Hacía tiempo que había terminado la universidad y trabajaba para poder completar mis estudios. Como vivo en una ciudad grande, tenía la sensación de haber terminado poniendo un piloto automático en todo lo que hacía. Me llegaba a comparar con otra gente de mi edad, y solo veía ideales inalcanzables: trabajo, dinero, casa, coche, pareja, compromisos y responsabilidades… En ellos se presuponía lo que deberían hacer para ser felices, pero aun haciéndolo no lo conseguían. Y yo si cabe estaba aún más lejos de lo que se suponía como estabilidad e ideal de vida. Mi trabajo no se parecía a lo que yo buscaba para desarrollarme profesional ni personalmente. Y mis estudios continuaban, pero no me permitían practicar todo lo que había estudiado.

Por suerte encontré una ONG cerca que me permitió plantearme la idea de ayudar a los demás a la misma vez que yo aprendía de lo ayudado. La idea que me propusieron me encantó, recibí más de lo que dí, aunque suene a tópico. La experiencia me llevó a querer indagar más acerca de voluntariados, relacionados con el ámbito socioeducativo, y así es como encontré el SVE, buscando por internet. No voy a decir que fuese algo fácil de encontrar, porque en mi caso no lo fue, mucha información y no toda concreta. Encontré el programa ERASMUS +, estancias europeas, que iban del mes hasta el año para jóvenes de 18 a 30 años, y los requisitos eran un curriculum Europass, una carta de motivación y elegir los proyectos que más se adecuasen a mis preferencias.

Todo lo que había encontrado hasta el momento tenía demasiados obstáculos, como costos económicos, años de experiencia, un rango de edad muy determinado, y a este programa, de primeras solo le veía ventajas: cumplía el requisito edad, tenía experiencia aunque no fuese requisito, había programas socioeducativos, podía practicar dos idiomas que me interesaban, viajar, conocer un país que me encantaba, abrir mis relaciones sociales fuera del ámbito de mi país, podía adquirir competencias personales y también en un ámbito profesional.

Además, me suponía salir de un contexto de presión y supuestos ideales de vida que en ese momento me asfixiaba. Las cosas a las que tenía que renunciar las valoraría más adelante…”

¿CÓMO LLEGUÉ A PROGETTO CITTÀ?

“Tras echar bastantes horas delante de un ordenador buscando diferentes proyectos y organizaciones españolas que hiciesen convenios con otras NGO en el ámbito Erasmus +, envié solicitudes a diferentes proyectos. Y mientras en la mayoría recibí negativas o ignorancia, la ONG PANDORA se puso en contacto conmigo para realizarme una entrevista personal, vía Skype para conocer mi candidatura en profundidad. Tras algún tiempo de espera me confirmaron que habían aceptado mi candidatura en PROGETTO CITTÀ.

Ofrecían diferentes servicios socioeducativos en una ciudad del norte de Italia, lo que me permitía rotar por ellos y obtener puntos de vista diversos, siempre en el ámbito que me interesaba, acorde con mis estudios y obteniendo la experiencia práctica que me faltaba. Su propuesta incluía compartir piso, que ellos mismos proporcionaban con otras 5 personas de resto de Europa. Es importante decir que, en un principio lees la información del proyecto de modo superficial, echas el cv, te realizan la entrevista, firmas un contrato en el que se detallan las condiciones económicas, recibes una formación general del proyecto Erasmus + antes de partir, y una vez llegas observas las condiciones reales y específicas.”

LLEGADA A SAVONA…

“explicar a tus conocidos que vas a realizar un proyecto como este, en mi caso, fue de todo menos fácil. Sales de tu zona de confort, a otro país, a lo que ellos llaman “ trabajar gratis”, dejas el trabajo que te reporta estabilidad (aunque ya os digo que solo económica, soy de quienes piensan que si no te gusta lo que haces, poco más puede aportarte), te apartas de tus amigos y familiares para estar sola o con gente que no conoces de nada, te enfrentas a lo incierto y al menos en mi caso, lo que a ellos, en su mayoría, les parecía como inestabilidad y caos. Y a mí, que los retos siempre han llamado mi atención no me parecía ningún problema, romper con todos estos esquemas. Es cierto que, en un inicio, nuestras expectativas siempre tienden a ser mucho más positivas, sobre todo cuando el contexto que nos rodea nos estresa y nos mantiene atrapados en un espacio vital que no sentimos como nuestro. Pero es un punto en el que creo que mucha gente de mi generación, al menos de lo que yo he conocido, se han visto atrapados. Y no voy a engañaros, el SVE no es la solución a todos vuestros males, ni a la crisis de nuestra generación, ni os asegura un trabajo en el ámbito laboral que pretendíais. Lo que ofrece es algo más abstracto, es la capacidad de conocer culturas, mundos, puntos de vista distintos, hacer cosas que estando en tu casa sentado lamentándote nunca hubieras hecho. Entender que la mayoría de las fronteras no son físicas, son mentales, y se dan solo por falta de experiencias vitales y conocimiento.

Esta reflexión de los puntos de vista, me sirve para introducir la siguiente etapa, y los siguientes protagonistas de esta historia, mis compañeros de aventura en Savona. Y digo aventura, porque así lo he vivido. Nunca antes había compartido piso con alguien que no fuese mi familia, y realmente ha sido una de las cosas que más me ha enseñado, pero con las que más he sufrido también.

La única información que tenía de mis compañeros era su país de procedencia, y como mucho su Facebook, pero permitirme pensar que como en las redes sociales siempre intentamos vender nuestra cara más amable, no me fíe mucho de ellas ni de la información que ahí colgamos. Así que aventura a lo desconocido…

Me siento muy afortunada porque en el proyecto se incluía a otra chica española, y nos pudimos comunicar antes de nuestra llegada, lo que relajo un poco la ansiedad ante lo desconocido. Quedamos a mitad de camino, y al menos tuvimos tiempo de conocernos algo antes de compartir habitación y vida durante meses.

Tuvimos una semana de período de adaptación en lo que empezaron a llegar nuestros compañeros, y para conocer la ciudad.

Los primeros días no fueron difíciles, fuimos preparando la llegada de los nuevos compañeros y haciéndonos una idea de cuál sería nuestra nueva vida durante los próximos meses. Si que es cierto que yo venía de una rutina demasiado marcada, y el no tener una concreta me perdía bastante.

Todo surgía como miles de actividades diferentes a las que hacer frente, en un idioma que no conoces, aunque todo te suene mucho puesto que español- italiano se parecen.

La llegada de nuestros compañeros fue poco a poco (menos mal), y para mí que nunca había hablado inglés en un contexto que no fuese académico, con personas que fuesen de mi país, la idea de no poder comunicarme me daba bastante miedito. Por suerte repito, mi compañera y yo nos ayudábamos en español a comunicarnos como los demás, y al haber llegado antes, nos convertimos en “guías “del resto.”

NUESTRAS ACTIVIDADES EN EL SVE…

“Las primeras semanas fueron de adaptación a los compañeros, al nuevo trabajo, todo era un nuevo ambiente. Para mí, era una sensación entre la emoción y el sentirse exhausto del bombardeo de estimulación. Me levantaba y saludaba en 3 idiomas diferentes, y en dos meses ya comenzábamos a estar cansados. En el trabajo, íbamos a lecciones de italiano, unas dos horas, después al trabajo, en mi caso en una Post-scuola, y después llegabas a casa sin saber que idioma hablabas, y teniendo que enfrentarte a las costumbres de cada uno. Era agotador, no lo voy a negar, no echaba de menos mi casa, porque sinceramente no me daba tiempo. Eran meetings, lecciones de italiano, lecciones de inglés impartidas por nosotros, radio, charlas en institutos con jóvenes de la región, ludotecas… Servicios muy diversos por suerte. En cuanto a mi trabajo principal se desarrollaba en una escuela primaria, contaba con una tutora, y entre las dos proponíamos las actividades a desarrollar en esas tres horas. Normalmente los niños finalizaban las tareas para casa que les habían mandado en el colegio, a lo que les ayudábamos entre las dos en función de la demanda. Y al finalizar realizábamos actividades de tiempo libre con ellos, si era posible en el patio exterior. No contábamos demasiado tiempo para realizar grandes dinámicas, por lo que eran pequeñas actividades, manualidades o juego libre.

Mi experiencia se basaba en el ámbito académico pero lo de actividades lúdicas ya era diferente, algo que tuve que aprender. Pero el simple hecho de observar me daba más información que leer un libro de pedagogía, algo a lo que ya había tenido oportunidad de acceder. Se me daba la oportunidad de tomar yo la iniciativa en las actividades, algo a lo que no estaba acostumbrada, porque anteriormente, me tenía que regir a una serie de normas o demandas de un superior y este no era el caso. Así que me encontraba en una adaptación continua y diaria, porque estaba acostumbrada a dar clases en diferentes materias y niveles, pero darlas en italiano para mi si que fue otro nivel.

Otro de los trabajos desarrollados fue en un Nido, lo que en España se denomina como guardería. No voy a esconder que personalmente, “los bebés no se me habían dado bien”, nada más allá de mi propia ignorancia. No había tenido la oportunidad de trabajar con este colectivo antes, de hecho, ni si quiera en mi círculo social había bebés. Así que, entre el pánico y el asombro, empecé a desarrollar mi actividad. Mi sentimiento era de estarme enfrentando a pequeñas personitas que no sabían hablar el idioma para comunicarse (prácticamente como yo) que dependían de mi en cierto modo, y a las que se suponía que yo debía aportar algo, que aún no sabía muy bien qué era. Y vuelta a la ignorancia… el feedback fue mutuo, tenía muchas más cosas que enseñar de las que pensaba, y la comunicación por suerte no solo es lingüística. Aprendí formas nuevas de enseñar y de aprender. Así que nuevas barreras derribadas. Al fin y al cabo, de eso se tratan todas nuestras experiencias vitales, y si puede ser creciendo, conociendo a los demás y a nosotros mismos, lo podemos llamar SVE o como queramos. Pero la finalidad de todo esto es contar mi experiencia de la forma más “resumida” posible e invitaros a ser curiosos en este y cualquier otro proyecto que estéis dispuestos a emprender, pero el SVE es una buena forma de empezar. 😊”

 


 

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